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Solar Fotovoltaica Brasil

La energía solar fotovoltaica en Brasil ha dado pasos importantes en el autoabastecimiento y balance neto.

La generación distribuida está introduciéndose en el país con más facilidad que las instalaciones a gran escala.

Se está apostando por un modelo de generación de plantas de pequeña y mediana potencia y autoconsumo, para hogares y empresas.

Esta es una excelente noticia.

En 2012 se aprobaron normas destinadas a reducir barreras para la instalación de generación distribuida de pequeña potencia para microgeneración (hasta 100 kW) y minigeneración (100 kW a 1 MW).

Desde su publicación en 2012 hasta marzo de 2015, se instalaron 534 sistemas (500 fotovoltaicos, 19 eólicos, 10 híbridos solar /eólica, 4 de biogás y 1 hidráulico).

A finales de 2015 el gobierno lanzó el programa ProGD que contempla exenciones impositivas y líneas de crédito especiales. Con él espera alcanzar 23.5 GW de instalaciones, la mayoría de fotovoltaica, para 2030.

Para alcanzar este objetivo, antes deben reducirse las barreras a la conexión a red, armonizar las normas del sistema de compensación de potencia con los términos de la oferta, aumentar el público objetivo y lograr mejoras en la aplicación de la norma.

El gobierno ha anunciado una reducción del impuesto ICMS (Imposto sobre Circulação de Mercadorias), que grava 18% promedio a la importación y es uno de los más altos del mundo.

También ha anunciado en 2016 la exención del Impuesto de Productos Industriales (IPI) para componentes fotovoltaicos que no se producen localmente.

Estas tasas e impuestos sumados a la Certificación Inmetro (Instituto Nacional de Metrología, Normalización y Calidad Industrial) y a la Tasa Suplementaria ISS, que retienen las municipalidades sobre los servicios no gravados por el ICMS (2% al 5%) representan una importante barrera para el desarrollo de la fotovoltaica en Brasil.

Fuentes del sector indican que hoy importar los insumos para producir energía solar en Brasil, significa soportar una carga fiscal entre el 60% y el 405%.

La oportunidad para la energía solar fotovoltaica a gran escala ha llegado con la participación, por primera vez, en la subasta de energía A-5 en diciembre de 2013 y la subasta realizada en el estado de Pernambuco ese mismo año.

Las plantas Fontes Solar I y II con 11 MW en Tacaratu, Pernambuco, se suman al parque eólico Fontes dos Ventos, de 80 MW, para formar un complejo híbrido solar-eólico de 91 MW; el primero en su tipo en el país.

Ambos proyectos solares tienen un acuerdo de compra de energía (PPA) a 20 años y forman el mayor parque fotovoltaico en operación en el país.

En el curso de la 1ª Leilão de energía de Reserva 2015, promovida por el Gobierno Federal Brasileño, han sido adjudicados 1,043 GWp. a 30 proyectos fotovoltaicos que movilizarán una inversión de más de U$D 1.187 millones.

El precio medio final contratado de 83,3271 U$D/MWh implica un descuento del 13,5% respecto del precio inicial y un gran éxito, alcanzando uno de los precios más bajos del mundo.

Los proyectos adjudicados se ubicarán en los estados da Bahia, Piauí, Paraíba, Minas Gerais y Tocantins. Son contratos de compra-venta de energía con una duración de 20 años, válidos a partir de 1º de agosto de 2017.

El último plan fotovoltaico del gobierno establece un objetivo para 2024 de 7 GW en grandes instalaciones y de 1.32 GW en generación distribuida, duplicando sus planes previos para 2023.

En 2015 comenzó a operar en Valinhos la primera fábrica de paneles solares de Brasil con una capacidad anual de producción de 580.000 paneles.

Se pretende implementar una nueva línea de producción en 2016 para la fabricación de hasta 1 millón de paneles al año.

Solar Térmica Brasil

De acuerdo con la AIE, Brasil es 4º en capacidad instalada de energía solar térmica en el ranking mundial, pero 32º en energía solar térmica per cápita entre 57 países.

En Brasil la irradiación es extremadamente alta. El nivel más bajo se encuentra en Santa Catarina, siendo un 30% superior a la media en Alemania.

Entre 2009 y 2013, la producción brasileña de colectores solares creció a más de un 15% promedio anual, alcanzando una capacidad instalada de 9,6 millones de m2.

En 2012 Brasil aportó 1/3 del mercado mundial de colectores solares planos y para climatización de piscinas producidos, con 965 MW, por delante de Alemania y los EE.UU.

Fue el 5º país en colectores solares instalados en 2013.

Un aspecto a mejorar es la legislación y normativa.

Muchas leyes municipales creadas están en fase de ejecución desde el año 2006 y solo algunas ya son una realidad en ciudades como São Paulo.

También se implementaron propuestas para ofrecer incentivos para tecnologías limpias y descuentos en la tarifa eléctrica a establecimientos equipados con energía solar para calentar el agua.

En 2014, el parque de energía solar térmica de Brasil llegó a la producción de 7.354 GWh a partir de una superficie total de 11,24 millones de m2 de colectores solares instalados en el país.

Ese año, la producción de colectores para el calentamiento de agua solar creció un 4,5%, con la instalación de 1,44 millones de m2 de colectores.

Teniendo en cuenta el consumo residencial promedio de 166 kWh/mes, esta cantidad de energía es suficiente para alimentar durante 1 año a 3,7 millones de hogares. La ciudad de São Paulo tiene 3,9 millones de viviendas.

Las mayores ventas de equipos solares térmicos en 2014 se registraron en la región Sudeste con el 61,94%, seguida por la región Sur con el 21,81%, el Centro-Oeste con el 10,44%. Las regiones con menos cuota de mercado fueron Nordeste y Norte, con 4,51% y 1,69%, respectivamente.

El 51% de las ventas en 2014 se destinaron para el segmento residencial, frente a un 9% en comparación con 2013.

Pero la gran noticia fue la expansión del uso de la energía solar térmica en la industria. Un 17% en 2014 en comparación con el 3% del año anterior.

Por el contrario, las ventas de colectores a programas de vivienda se redujo del 19% al 16% en 2014.

Los segmentos Comercio y Servicios también registraron una participación de 16% en 2014.

La Compañía de Saneamiento Básico del Estado de São Paulo (Sabesp) ha instalado un calentador solar en la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales de las ciudades de Taubaté y Trebembé. El equipo calienta hasta 55ºC el agua para el lavado de dos centrifugadoras y otros elementos.

Familias de bajos ingresos de las localidades de Lorena y Cachoeira Paulista, en el estado de São Paulo, se beneficiarán del proyecto “Buena Energía Solar”, que prevé la instalación de equipos de energía solar térmica en más de 383 viviendas, además de kits con lámparas fluorescentes.

Brasil Solar

Brasil es rico en recursos naturales. El 44% de su energía procede de renovables.

Es líder en producción de biocombustibles y muy importante el aporte de centrales hidráulicas.

Se sitúa entre los países en vías de desarrollo con mayor potencia eólica instalada, sobre todo en la zona del litoral de Maranhão, Piauí, Ceará y Rio Grande do Norte.

El programa PROINFA estableció la contratación de 3300 MW de energía renovable. Se realizaron cuantiosas inversiones en eólica y biomasa. Sin embargo, la energía solar no fue incluida y se quedó rezagada en la integración energética; sobre todo en plantas a gran escala conectadas a red.

La matriz energética verde de Brasil era envidiada por muchas naciones y el orgullo de un gobierno convencido de que conducía al país hacia el estatus de superpotencia económica.

Tres cuartas partes de la electricidad brasileña provenía de centrales hidroeléctricas y los automóviles se movían principalmente a etanol de caña de azúcar.

El país acababa de descubrir gigantescas reservas de petróleo frente a sus costas.

Hoy el panorama no es tan promisorio.

La producción de petróleo está cayendo y se debate racionar la energía eléctrica, lo que deprimiría aún más la economía.

Los problemas comenzaron cuando Brasil intentó aumentar el control sobre sus recursos y acabó asustando a los inversores.

Se profundizaron porque el país tiene una fuerte dependencia hidroeléctrica (2/3 de la generación) y enfrenta una de sus peores sequías.

La realidad es que el sector eléctrico de Brasil está plagado de ineficiencias.

La nueva ley petrolera aprobada en 2010 buscaba garantizar el control estatal sobre los grandes yacimientos descubiertos bajo el mar frente a los estados de Río de Janeiro y Sao Paulo, exigiendo que Petrobras aumentara su participación dominante en la explotación y producción.

Empresas con proyectos de largo plazo en Brasil redujeron sus planes o simplemente se marcharon.

Pero lo más perjudicial fueron las políticas de precios de la gasolina.

El gobierno impidió que Petrobras elevara los precios de la gasolina y el diésel para contener la inflación y la petrolera incurrió en sus primeras pérdidas en 13 años.

La gasolina artificialmente barata volvió no competitiva a la industria local de biocombustibles. Los productores respondieron cortando la producción, lo que disparó los precios del etanol.

Como cada litro de gasolina lleva 1/4 de etanol, aumentó el costo de la gasolina.

Para evitar un aumento de la inflación, el gobierno redujo a fines del 2011 el porcentaje de etanol en la mezcla a 20%.

Con las refinerías al máximo de capacidad, Petrobras no tuvo más remedio que importar gasolina a precios de mercado y venderla a pérdida.

El otro gran golpe fue el plan del gobierno para forzar una caída del 20% en los precios de la electricidad en 2014, deslizando que las compañías eléctricas tendrían que conformarse con menores márgenes de rentabilidad.

La respuesta de los inversores fue vender las acciones de las eléctricas.

Las acciones de Eletrobras, la mayor generadora de América Latina, perdieron ese año más de 2 décadas de ganancias.

Aunque la energía solar no estuvo contemplada en el PROINFA y no existe una estrategia estatal para incentivarla, Brasil ha implementado varios programas sobre todo para la electrificación en comunidades rurales.

El más importante ha sido el PRODEEM, que supuso un salto para el know-how de la industria solar local con una implicación importante en investigación y en centros universitarios.

El otro fue el programa “Luz para Todos”, impulsado por el gobierno estatal en 2003 con la ambiciosa meta de llevar energía eléctrica a 10 millones de personas.

Solar Fotovoltaica Bolivia

Hasta la primera mitad de los años 90, se llegaron a instalar en Bolivia unos 5.000 sistemas fotovoltaicos destinados principalmente a telecomunicaciones y electrificación de viviendas rurales.

En la segunda mitad de esa década, se instalaron más de 5.000 sistemas en el departamento de Santa Cruz en un proyecto impulsado por la distribuidora CRE, con financiamiento de la Embajada del Reino de los Países Bajos.

También se implementaron proyectos financiados por NRECA en los Yungas del departamento de La Paz y por Energética en Cochabamba (proyectos Chimboata e Intikanchay).

Desde el año 2000 se instalaron más de 2.000 sistemas por año a partir de proyectos como los ejecutados por el Fondo de Inversión Social (FIS) y la Prefectura del departamento de La Paz.

La cantidad de sistemas instalados a la fecha sobrepasa los 35.000.

De acuerdo con datos proporcionados por la ONG Energética, un 83,4% de las instalaciones solares fotovoltaicas existentes son de uso domiciliario, un 16,3% son de uso social (postas sanitarias, unidades educativas, iglesias, centros de adultos, sindicatos) y un 0,3% son de uso productivo (centros de hilado, centros artesanales, sistemas de bombeo).

La mayor cantidad de instalaciones están ubicadas en los Departamentos de Cochabamba, Potosí y Oruro.

Hay 3 aspectos importantes que pueden favorecer el desarrollo fotovoltaico del país:

1- La fabricación de componentes por parte de empresas bolivianas. Una empresa local ha incluido en su oferta baterías destinadas a los sistemas fotovoltaicos y otra produce reguladores de carga, lámparas fluorescentes tipo PL y conversores de voltaje.

2- La formación de recursos humanos en esta tecnología, que ha sido incluida en la currícula de centros de formación técnica; lo que permite contar con la mano de obra necesaria para soportar un ritmo importante de instalaciones.

3- La calidad de las instalaciones. Bolivia fue el primer país de la región en contar con normas propias que la garantizan. Fueron desarrolladas por el proyecto BOL/97/G31 ejecutado por el Viceministerio de Electricidad y Energías Alternativas con financiamiento de PNUD/GEF y emitidas por el Instituto Boliviano de Normas y Calidad (IBNORCA).

Si bien la tecnología fotovoltaica en Bolivia ha alcanzado cierto grado de madurez, aún tiene desafíos por delante. Especialmente en el ámbito de los usos productivos que deben permitir a los pobladores rurales aumentar sus ingresos. De esta manera, se cumpliría con un gran objetivo: llevar desarrollo al área rural.

Recientemente fue inaugurada la segunda fase de la primera planta solar fotovoltaica del país (la 1º fase se entregó en septiembre 2014) con una capacidad de 5,1 MW y ubicada en Villa Bush (Pando).

La Planta Solar Fotovoltaica de Cobija proveerá de energía eléctrica continua a los municipios de Cobija, Porvenir, Filadelfia, Bella Flor y Puerto Rico.

La inversión fue de U$D 11 millones. La Empresa Nacional de Electricidad (ENDE) invirtió U$D 4,98 millones (47%), mientras que la Cooperación Danesa aportó U$D 6 millones (53%) a fondo perdido.

Con la Planta Solar Fotovoltaica Cobija el país sustituirá el consumo de 1,9 millones de litros de diésel por año.

La planta solar proyectada para el departamento de Oruro tendrá una capacidad de 20 MW y su construcción supondrá la inversión de U$D 45 millones.

Solar Térmica Bolivia

En Bolivia se estima un crecimiento de aproximadamente 500 instalaciones de energía solar térmica al año en todo el país.

Este crecimiento evidentemente, es demasiado lento teniendo en cuenta el potencial solar de Bolivia.

La radiación es muy alta, por lo que se podrían aprovechar numerosas aplicaciones de energía solar térmica.

Sin embargo, el mercado nacional es incipiente y existen pocas empresas dedicadas a esta tecnología.

La zona más activa se ubica en la región central de Cochabamba donde hay unas 5 empresas que se dedican principalmente a instalaciones de equipos termosifón.

En Bolivia la energía está disponible solamente para una reducida parte de la población. Muy amplios sectores de áreas rurales no están conectados con las redes públicas.

Las redes de distribución de energía eléctrica y de gas no llegan a estas regiones alejadas porque la ampliación de esas redes no se reflejaría en ganancias para las empresas proveedoras.

El uso de energía solar térmica cuenta con un potencial enorme para dotar de agua caliente a comunidades situadas en la zona del altiplano; donde existen temperaturas muy bajas que repercuten negativamente en las actividades productivas y cotidianas de las personas de esa región.

Las condiciones climáticas en esta región son extremas debido a las heladas nocturnas. El agua proveniente de tuberías o pozos tiene una temperatura muy baja y por lo tanto tiene que ser calentada mediante energía eléctrica o gas para el aseo personal de la gente y para el lavado de diversos elementos y ropa.

Como Bolivia está situada cerca al ecuador, la radiación solar es muy alta y casi no presenta variaciones entre los periodos de invierno y verano. Por lo tanto se encuentran condiciones ideales para el uso de energía solar en el calentamiento de agua.

Por lo expuesto anteriormente, resulta evidente que la clave para superar esta situación es estimular el crecimiento del mercado para productos solares térmicos a través de medidas que incidan tanto en la oferta como en la demanda en los departamentos de La Paz, Oruro y Cochabamba.

Esto contribuiría a la disminución de la pobreza, la conservación del medio ambiente y la protección de recursos naturales.

Desde el punto de vista empresarial, fomentaría el establecimiento de empresas en el lugar.

La difusión de esta tecnología es actualmente limitada en Bolivia por:

– Deficiencias tecnológicas

– Falta de medios de certificación

– Estructuras poco eficientes en cuanto a servicio, venta y mantenimiento

– Desconfianza de parte de posibles usuarios

– Altos costos de producción y prestación de servicios originados en limitados volúmenes de producción y venta

– Escaso acceso a financiamiento

– Ausencia de incentivos (financiación, subvenciones o excepciones de impuestos) por parte del Estado.

Bolivia Solar

Bolivia cuenta con un elevado potencial energético, tanto de energías tradicionales como de energías alternativas.

Por su naturaleza geológica, el país es más productor de gas natural que de petróleo (62% del total de líquidos producidos a partir de condensados).

Las reservas de gas natural son las segundas más grandes de Sudamérica (después de Venezuela), pero las primeras considerando las libres de líquidos. Además se prevé que aumenten en unos 200 o 300 trillones de pies cúbicos.

Es la base de la economía boliviana. Tiene contratos de exportación con los países que la rodean. Por ejemplo, con Brasil tiene un contrato de venta de 30 millones de pies cúbicos por día durante 20 años.

El sector de la energía eléctrica absorbió el 63% de las ventas de gas natural.

La electricidad generada en Bolivia proviene de centrales hidroeléctricas (35%) y centrales termoeléctricas (65%).

El Sistema Interconectado Nacional (SIN) está integrado en un 90% por los principales centros de producción y consumo (La Paz, Cochabamba, Oruro, Potosí, Chuquisaca, Beni y Santa Cruz) y por sistemas aislados en las ciudades y poblaciones menores que completan el restante 10% del mercado eléctrico nacional (Departamento de Pando).

Bolivia está empeñada en cambiar su matriz energética, que en la actualidad se sustenta en la generación termoeléctrica.

Las autoridades han señalado varias veces que el objetivo es que el 70% de la generación de energía sea hidroeléctrica o provenga de otras fuentes alternativas como la eólica y la solar, y que el 30 % restante sea termoeléctrica.

Por eso se ha propuesto incorporar alrededor de 183 MW de fuentes renovables de energía como meta para el 2025.

Las 2/3 partes de Bolivia, cuya posición latitudinal está entre los paralelos 9º 40′ S y 22º 53′ O, se encuentran en la franja de mayor radiación solar.

Esta situación hace que cuente con uno de los mayores niveles de intensidad solar de la región.

La incidencia solar en el territorio nacional alcanza los promedios anuales de 5,4 kWh/m²día de intensidad y de 7 h/día de insolación efectiva.

Sin embargo, quizás por la elevada disponibilidad de gas natural, actualmente Bolivia no cuenta con normativa y legislación que fomente el desarrollo sostenido de las instalaciones solares.

Solar Fotovoltaica Argentina

El mercado fotovoltaico argentino está segmentado en 3 tipos de demanda:

1- Usos rurales.

Los equipos demandados son para electrificación de puestos o viviendas rurales (50W-80W); sistemas para iluminación (30W-100W); alimentación de bombas de agua que remplazan al tradicional molino multipala (50W-400W).

2- Usos profesionales o empresariales.

Provisión de energía a sistemas de telecomunicaciones (100W – 400W), telemetría, balizamiento, señalización, sistemas de emergencia en autopistas (20W – 50W), protección catódica y válvulas de bloqueo en gasoductos (más de 20kW).

3- Demanda institucional.

Comprende programas de asistencia social, entes reguladores de energía, fundaciones y empresas provinciales de energía. Se demandan equipos para iluminación y electrificación de escuelas, centros médicos, puestos de policía y usuarios residenciales. Potencias entre 50W y 400W.

Hasta el año 1999 la demanda de módulos FV mantuvo un crecimiento anual sostenido de entre el 20% y el 50%. A partir de ese año y particularmente luego de la devaluación de 2001, la demanda de módulos ha sufrido una fuerte caída que ha comenzado a revertirse a partir de 2004.

No hay fabricación nacional de módulos solares.

Con aproximadamente 1 a 2 MW de potencia instalada al año, principalmente en aplicaciones aisladas, parece que la única manera de que el mercado crezca es a través del desarrollo de proyectos a gran escala.

Conclusión: las autoridades gubernamentales no han aprendido la lección impartida en otras latitudes.

Los esfuerzos deberían concentrarse en la instalación de sistemas distribuidos y la integración de la energía FV en entornos urbanos, desarrollando los mercados residencial, secundario y terciario.

El futuro de un sector de energía solar FV sólido y consistente claramente pasa por el desarrollo de:

1) Un acotado número de proyectos sobre suelo conectados a red.

2) El estímulo a instalaciones sobre cubiertas y tejados de empresas y particulares en base a un sistema de medición neta o prima por inyección a la red.

Actualmente no hay una prima por inyección de electricidad solar a la red a nivel residencial.

Hay acuerdos de compra de electricidad solar adjudicados en el programa GENREN a U$D 572 / MWh (El triple del promedio de los acuerdos PPA adjudicados en el resto de Latinoamérica).

En la ciudad de San Juan se inauguró en 2012 una instalación que empleó una combinación de estructuras fijas y seguidores, placas policristalinas, monocristalinas y de silicio amorfo.

Tiene 1,2 MWp de potencia y se convirtió en la primera planta solar fotovoltaica de Sudamérica con conexión a la red del sistema eléctrico integrado nacional.

A nivel doméstico la inversión en un sistema solar FV se recupera en unos 5 años comparada con un grupo electrógeno.

Comparada con la electricidad de red, las cifras son radicalmente distintas.

La electricidad de red tiene un precio aproximado de U$D 47 por MWh contra U$D 142 del MWh solar.

O sea, la electricidad solar cuesta el triple que la de red. En este escenario, la inversión solar se recuperaría en 98 años (más de 3 veces la vida útil de los equipos).

La paradoja es que según un análisis de la Agencia de Protección Ambiental de la Ciudad de Buenos Aires (APRA) cada MWh que se suma al país, aportado por centrales térmicas, cuesta U$D 344.

Es decir que con las centrales térmicas (mayoría en la matriz energética del país) se vende al usuario la electricidad 7 veces más barata de lo que cuesta producirla y transportarla.

Además, unos U$D 15.000 millones anuales se destinan a importar combustibles.

Resumiendo, falta de sentido común y ninguna planificación.

Si se pagara la electricidad al precio de otras ciudades de la región (Santiago de Chile, Montevideo o San Pablo), la inversión en el sistema solar se recuperaría en 12 años.

A partir de 2016, veremos si el cambio político producido en el país propiciará el fin de la crisis energética y el desarrollo sostenible de la energía solar fotovoltaica.

Solar Térmica Argentina

En materia de energía solar térmica, la Argentina ha entrado en un proceso de incorporación de esta tecnología tomando a la construcción como motor para el desarrollo del mercado ante la inexistencia de legislación y normativa que la impulse.

Hay iniciativas aisladas. Existen municipios que cuentan con Proyectos de Ley u Ordenanzas solares, como el de la ciudad de Rosario.

Pero podríamos decir que el sector de la energía solar térmica en Argentina está en pañales.

Hoy 2015, no existe una exhaustiva medición del recurso solar, se comercializan equipos que no han sido sometidos a ensayos ni cuentan con certificación y no hay información estadística del sector.

Generalmente se instalan sistemas termosifón para la producción de ACS en casas rurales y en casas urbanas donde no hay acceso a gas de red. También se instalan equipos para la climatización de piscinas.

Una estimación del año 2009 indica que cerca de 2.000 m² de colectores fueron instalados ese año y que en 2010 se duplicó alcanzando los 4.000 m2.

Los colectores planos constituían entonces 2/3 del mercado con una gran proporción de productos nacionales, siendo de tubo de vacío la mayoría de los colectores importados.

En 2015 se calcula una capacidad instalada por encima de los 30.000 m² de colectores; la mitad de ellos para calentamiento de piscinas exteriores.

La mayor parte de las empresas del sector se encuentran en la Región Central (principalmente en el Gran Buenos Aires) y la Región Noroeste es la que tiene mayor superficie de colectores instalada, seguida por el Noreste.

¿Cómo se podría impulsar el desarrollo sostenido de esta tecnología?

Por parte del sector público exigiría:

– La eliminación de la desventaja competitiva generada por los altos subsidios a la electricidad y al gas de red.

– Sancionar normas y crear incentivos.

– Dar el ejemplo incorporando instalaciones a su infraestructura.

Por parte del sector privado exigiría:

– Introducir mejoras en la calidad de los productos.

– Formar mano de obra capacitada en dimensionado y diseño de sistemas e instalación y mantenimiento.

– Enfrentar el desafío adicional de una competencia extranjera, en algunos casos, con equipos a un más bajo costo y mejores prestaciones que los de fabricación nacional.

Sólo en el sector residencial, se estima un potencial de 6 millones de m2 para la producción de ACS; otros 2,2 millones de m2 en los sectores público, comercial y de servicios, más un potencial importante en las industrias.

Considerando los 20 años de vida útil que tiene un sistema solar térmico, con el nivel de insolación de la provincia de Buenos Aires la inversión se recuperaría en aproximadamente 15 años si la comparamos con el precio actual del gas de red.

Sin embargo, en los casos del gas envasado y de la energía eléctrica, la tecnología solar térmica ya es rentable en muchos lugares de la zona central y norte del país.

Comparándola con el gas envasado, recuperaríamos la inversión del equipo solar térmico en unos 2 años.

Comparándola con el uso de un termotanque eléctrico, recuperaríamos la inversión en el equipo solar en unos 5 años.

Un mercado solar térmico consistente brindaría al país varios beneficios:

– Reducción en la demanda de energía convencional.

– Reducción en la importación de energía

– Reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero.

– Creación de un nuevo sector económico y de nuevas fuentes de trabajo.

– Creación de una industria nacional con alto valor agregado.

Argentina Solar

En 1992, Argentina dividió el sector eléctrico del Estado en generación, distribución y transmisión y lo vendió a inversores privados.

Cuando la crisis económica de 2001-2002 sacudió al país y se devaluó la moneda, el gobierno temió por el costo político que tendría un aumento en el precio de la electricidad y en 2002 congeló los precios del gas natural y las tarifas de los usuarios finales.

La solución funcionó a corto plazo, pero frenó la exploración de nuevas fuentes energéticas y la inversión en mejoras de infraestructura por parte de los inversores extranjeros.

La extracción nacional de gas natural disminuyó, dejando instalaciones de generación eléctrica sin usar y crecieron las importaciones de energía.

Con la recuperación económica, la demanda de energía se disparó a un promedio del 5% anual desde 2003.

En 2004 se creó Enarsa, con la principal misión de explorar y extraer hidrocarburos, petróleo y gas natural; además del transporte y distribución de estos recursos. Sin embargo, los fallos de suministro siguen siendo un problema.

Argentina ha apostado fuerte por un recurso renovable: el agua. Este recurso representa alrededor del 35% de la electricidad por lo que es necesaria una mayor diversificación para evitar los problemas que acarrearía una fuerte sequía.

Aunque parezca mentira, por el desarrollo que ha tenido hasta el momento, Argentina es uno de los países del mundo con más potencial para las energías renovables.

Si Argentina se lo propone, podría suplir la totalidad de su consumo eléctrico con energías renovables, e incluso podría llegar a ser exportadora neta.

En el año 2006 se creó el marco regulatorio, con la sanción de la ley 26.190/06, otorgando a las energías renovables el carácter de interés nacional.

Se fijó, como objetivo para el año 2016, que la Argentina deberá alcanzar un 8% de generación de energía eléctrica a través de fuentes renovables.

Los números indican que en 2016 apenas se superará el 2%. Se alcanzará poco más del 25% del objetivo planteado.

En el año 2009, el gobierno nacional junto con Enarsa, la empresa pública de energía, lanzó el programa GENREN, que ofrecía comprar 1.000 MW de energías renovables mediante contratos fijos a 15 años.

En junio de 2010, luego de un exhaustivo análisis, se conocieron los ganadores y se aprobaron un total de 895 MW.

La mayoría de las ofertas fueron por energía eólica.

A pesar de que las zonas central y norte del país gozan de muchos días de sol al año que permitirían aprovechar numerosas aplicaciones de energía solar, se otorgaron tan sólo 20 MW para energía solar fotovoltaica en la provincia de San Juan.

La inestabilidad económica de las últimas décadas se contrapone con la previsible crisis energética en la que la Argentina viene hundiéndose, cada vez más rápidamente.

Con tarifas que no reflejan el verdadero costo de los recursos ni la necesidad de inversión y una política de subsidios que pronto llegará forzosamente a su fin, las energías renovables cobran un valor que nunca antes habían tenido.

La incertidumbre sobre la disponibilidad y valor de la energía en el futuro es una incógnita que solamente el Estado puede resolver con planificación energética e implementando políticas públicas en eficiencia energética y promoción de energías limpias.

¿ Para quién es negocio la energía solar ?

El intento de responder a esta pregunta nos lleva a entender el nivel de desarrollo que ha alcanzado esta tecnología y a desenmascarar la cara oculta de la matriz energética de, excepto casos aislados, la mayoría de los países.

Debemos adoptar 2 puntos de vista:

1) Generación solar distribuida (Red inteligente)

La generación solar distribuida es negocio para el consumidor y para la economía del país.

Para el consumidor, porque le permite generar su propia energía y comprar solamente a la empresa distribuidora si su demanda energética excede su capacidad de generación.

Para la economía del país, porque aumenta su soberanía energética e impulsa la creación de empleo (profesionales y empresas instaladoras y comercializadoras de equipos y sectores asociados).

2) Generación solar centralizada (Red convencional)

La generación solar centralizada es negocio para las empresas generadoras y distribuidoras de energía y para los partidos políticos.

Para las empresas generadoras y distribuidoras, porque continúan controlando el negocio de la energía.

Para los partidos políticos, porque obtienen financiación y retornos de parte de las empresas generadoras y distribuidoras de energía y porque es mucho más fácil “tranzar” con unos pocos que ponerse a trabajar en serio y a largo plazo creando un marco regulatorio que verdaderamente fomente la generación distribuida y beneficie a los ciudadanos y a la economía del país.

La ventaja competitiva de la energía solar es que se puede generar en el lugar en el que se consume, haciendo innecesaria la distribución y eliminando todas las pérdidas de energía que el transporte de la misma provoca.

Los esfuerzos deberían concentrarse en la instalación de sistemas distribuidos y la integración de la energía solar en entornos urbanos, desarrollando los mercados residencial, secundario y terciario.

Los altibajos sufridos en países europeos (el caso más representativo es el del sector fotovoltaico en España) que han dado preponderancia a los proyectos a gran escala, indican que no es el camino correcto y que solo beneficia a unos pocos.

El futuro de un sector de energía solar sólido y consistente claramente pasa por:

1) Un acotado número de proyectos puntuales de generación centralizada sobre suelo que no tenga ninguna otra utilidad y en zonas con niveles muy elevados de radiación solar (p.e.: zonas semidesérticas).

2) El estímulo a instalaciones sobre cubiertas y tejados de empresas y particulares.

3) El desarrollo de la generación distribuida por cuestiones de eficiencia energética y continuidad en el suministro (catástrofes, atentados terroristas, conflictos bélicos).

El último palo en la rueda que se han sacado de la manga partidos políticos y empresas generadoras y distribuidoras de energía son las muy elevadas “tarifas de acceso” que deben pagar quienes cuenten con un generador solar conectado a red.

Esto ha provocado que se llegue a situaciones surrealistas en las que se aplican multas a quienes generen su propia energía o que hacen más rentable continuar con el “status quo” de generación centralizada y distribución, en lugar de invertir en energía solar.

Lo realmente paradójico es que la mayoría de las infraestructuras que explotan las empresas de generación y distribución de energía fueron patrimonio del Estado en su origen.

Las empresas privadas o privadas con participación estatal que actualmente las operan ya han más que amortizado estas infraestructuras que recibieron.

Han hecho muy poco por modernizarlas y son reacias a invertir en redes de transmisión modernas interconectadas y equipos de medición bidireccional.

Lo que debe quedar muy claro es que el futuro del sector energético pasa por la eficiencia energética, la generación distribuida y la incorporación de energías renovables.

Estos deben ser los 3 objetivos a perseguir.

Si bien aparecen y aparecerán nuevos players, tecnologías, situaciones y configuraciones; las regulaciones o normativas deben propiciar el avance hacia esos 3 objetivos o no estarán cumpliendo su cometido.

Debe implementarse una regulación “ex ante” que deberá ir ajustándose “ex post” de acuerdo con la evolución del sector energético, el crecimiento de la generación distribuida y el grado de incorporación de energías renovables.

Para los países que se quieran poner a trabajar en serio para sus ciudadanos y su economía hay sobrados ejemplos de marcos regulatorios que se pueden tomar como punto de partida y adaptar a la realidad de cada país.

Por ejemplo, en el caso de la energía solar térmica el CTE (Código Técnico de la Edificación) español y en el caso de la energía solar fotovoltaica la normativa vigente en varios estados de EEUU.